martes, 31 de julio de 2012

El Zoo (escrito el Martes 2 de Febrero) leído ante la concurrencia en el café "Las Lanzas"de Ñuñoa en presencia del escritor Luis Sepúlveda quién me dijo que era la única poeta de toda esa mesa reunida con Gastón Soublette.

Sus cabellos atados con hojas de eucaliptos se desprendían a cada paso, en el ir y venir de un costado a otro del patio. Llamó a gritos a distinta gente del lugar y luego, se agazapó tras los matorrales cosa que no lo descubrieran. Allí mismo lo encontraron durmiendo al día siguiente. Tapándolo con frazadas, lo acostaron en su cama. Cuando al fin lo dejaron sólo, después de un tazón caliente de sopa, se levantó y encendió velas por toda la habitación frente a cada crucifijo o imagen sagrada que, el mismo sacó de distintos baúles. Luego, caminando de rodillas y ya no con las hojas de eucaliptos sino con pequeños huesitos de pollo que quedaron flotando en el caldo, se los ató en hileras en su cabello mientras, emitía sonidos de lúgubres cantos gregorianos. Una mirada de mosca se poseyó paulatinamente de sus ojos, en el movimiento choroy su cabeza giró hacia un lado y otro cuando quiso tomar su lápiz y, dibujar una letra en el papel entre sus dedos que iban ya tomando un aspecto lagartija. El pelaje de perro cosquilleaba pero, lo prefería antes que el campanazo tocara puntualmente a las doce, cosa que no dejaba de molestarle cada vez que se producía. Cualquier tipo de ruido, fuere el que fuere, le hacía tirarse hilillo por hilillo sus cabellos, sólo así era capaz de subsanar el mal efecto. A veces, daba alaridos espantosos, tiritaba rojo de rabia, tapándose las orejas con ambas manos en períodos de mayor sensibilidad. Quizás, si no fuera porque las imágenes mismas se presentaban frente a frente, no tomaría las precauciones necesarias con el fin de no crear un excesivo conflicto que no le dejaba fluir el pensamiento en forma. En algunas ocasiones, topaba con mecanismos que obstruían su normal realización y, su humor se convertía en mil demonios. En su voz se escuchaban desagradables sonidos metálicos muy distintos a su voz cantarina. El viento hacía abrir y, cerrar puertas y ventanas. El crujir de las bisagras habían pasado a ser el sonido habitual de su habitat por lo que ya no causaban mayor molestia. Lo que si le molestaba era conocer las múltiples equivocaciones cometidas durante el día. Intentaba buscar a través de continuas reflexiones, corregir los puntos que aún apenas visualizaba. A veces, llegaba a convencerse estúpidamente que con los años lograría alcanzarlos y apropiarse de ellos sin limitaciones que, le hicieran subyugarse a ser un simple mortal, lleno de defectos insuperables. ¡Pronto recapacitaba!, dejándose convencer por la realidad y, ninguna teoría filosófica era capaz de responder superando en plenitud el problema del rompecabezas siempre incompleto o, donde sus fichas no encajaban en el lugar adecuado. Ya las uñas tenían forma de hormiga al tomar la tetera y echar el agua sobre la taza. Ningún parámetro podía medir lo que en su efecto no era medible ¿quién podría estimar donde estaba lo "normal" y dónde lo "anormal"?. Falsas estimaciones por resultado que ponen en evidencia la falta de criterio de quien confía en parámetros subjetivos y, como siempre una alta contradicción en todo lo dicho. Sin saber cómo, llegaba a la conclusión de que las palabras no tenían ningún sentido mientras martillaba diversos palos extendidos en el suelo, amarrados en forma prolija con alambres en las puntas y, en los centros sus pies se tornaban en gris opaco de hipopótamo. Se aburría rápidamente si se encontraba con un lenguaje muy complicado o rebuscado ¿porqué no podían decir lo mismo con palabras más sencillas? Notaba que algo confuso pronunciaban allí mientras, martillaba le parecían un exceso de vanidad una forma de mostrarse al mundo tal que lo creyeran un erudito cuando, en el fondo no era más que un bluf intelectual. El pie izquierdo, comenzó a cocear una y otra vez. No entendía porqué se perdía tanto tiempo en intereses anacrónicos que, no llegarían a ningún fin satisfactorio pues, sin conocer la esencia misma del idioma nada sería posible mientras, el pie derecho lo sacudía inundado ya de plumas de avestruz. La constante búsqueda hacia las profundidades del ser, era lo que mas le interesaba. Si veía que las palabras no funcionaban en este sentido, inmediatamente las eliminaba CROAC _ CROAC ¿porqué todo iba a confluir sólo en intelectualismos sin ningún sentido más allá que lo meramente conceptual? CUIC CUIC ¿ qué sacaban entonces con analizar esto o lo otro si luego, se quedaban en el mismo punto de partida sin evolucionar emocionalmente como si nada estuviera dirigido hacia ellos sino a seres extraterrestres? TAC - TAC - TAC no le agradaba la forma típica de urna, ni menos el material metálico que comúnmente se usaba ¡no! este cubo pegado palo por palo, cual una jaula, con un pequeño orificio al medio, para introducirse dentro en cuclillas y, algunas aberturas entre palo y palo, permitía ventilar su hedor probablemente animalejo cuando gran parte de su cuerpo se cubría con piel de leopardo.

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