martes, 14 de agosto de 2012

Hubo Un Día

La semana pasada hubo un día que, frente al ineludible golpe y porrazo
del enigmático quehacer afiebrada por oscilaciones de vacío irresoluto
no quería saber más de mí ni del territorio que habitaba
prendido con alfileres que me circundaban.
Con la acostumbrada estratagema extravagante de comedianta
apagué el interruptor de mi imaginación inexcusable y, al acostarme,
convertí mi estatua en fósil tieso petrificado.
Soñé en mis sueños frente a un farol encendido que me iluminaba
y volví a sentir como la sangre corría vertiginosa por mis venas
y con ese ímpetu, me reencontré conmigo misma
en el lecho adormilada; regresé a ser más lúcida y límpida
como  nunca antes había siquiera imaginado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario